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#AI6 MIN DE LECTURA

Cuando escribir para una IA te hace olvidar al lector

Me topé con un artículo sobre Generative Engine Optimization, o GEO, explicando cómo lograr que ChatGPT cite tu sitio. No bloquear el crawler de OpenAI, mantener un sitemap sano, estructurar mejor el contenido y llenar el About de suficientes señales de confianza para que una inteligencia artificial entienda que debería creerte.

Algunas cosas tenían sentido. Otras me hicieron mirar este blog y preguntarme para quién estaba escribiendo realmente.

El artículo, para ser justo, tiene varios puntos razonables. No bloquear bots por deporte, tener un sitemap, escribir con cierta estructura y dejar claro quién sos y qué hiciste de verdad. Nada de eso me parece mal, pero tampoco particularmente nuevo. Son buenas prácticas desde mucho antes de que alguien decidiera agruparlas bajo un acrónimo de tres letras.

Lo que me hizo ruido fue otra cosa: la sensación de que el objetivo final era conseguir la cita, no llegar al lector. Optimizar el About para parecer confiable, en lugar de construir algo que realmente lo sea. Escribir párrafos pensando en qué fragmento puede levantar un modelo, no en qué necesita entender alguien que llegó buscando una respuesta. Convertir la experiencia propia en otra casilla dentro de una checklist.

No es exactamente mentir, pero se acerca bastante a escribir para la máquina que va a procesar el contenido, en lugar de hacerlo para la persona que debería leerlo.

Hace un tiempo, Fulanosaurio me diagnosticó brainrot utilizando un soundpad de Discord. El contexto importa poco. El diagnóstico quedó como jurisprudencia interna porque, de alguna manera, tenía razón: había terminado produciendo contenido pensando más en el estímulo que en el mensaje, y no tengo demasiadas ganas de cometer el mismo error con otro nombre.

El problema no es que una inteligencia artificial pueda leer lo que publico. Sería bastante absurdo subir cosas a internet y después molestarme porque algo las procesa, resume o utiliza para construir una respuesta. El problema empieza cuando la posibilidad de ser citado comienza a decidir cómo escribimos, porque ahí el lector deja de ser la razón del artículo y se convierte en una consecuencia bastante secundaria.

Del otro lado está Durmonski, que escribe artículos largos, sin demasiada urgencia y para personas que todavía quieren pensar con cierta calma. No sé si aplica GEO, si revisa el robots.txt cada semana o si se pregunta qué partes de sus textos podría levantar ChatGPT. Probablemente haga varias cosas bien a nivel técnico, pero eso no es lo primero que se nota cuando uno entra. Se nota que escribe sobre cosas que leyó, probó o pensó durante suficiente tiempo como para tener algo propio que decir.

Yo escribo artículos de cuatro o cinco minutos porque esa es mi cuota real. No porque Google, ChatGPT o alguna herramienta de SEO considere que esa sea la extensión perfecta. Escribo hasta donde siento que la idea quedó completa, o al menos lo suficientemente ordenada como para dejar de perseguirme.

Son formatos diferentes, pero con una brújula bastante parecida: primero está el lector. Después veremos qué hace el crawler.

En el artículo también aparecía el footer como uno de los lugares donde agregar señales de confianza. Eso me hizo mirar el de este blog, que tiene enlaces a mis proyectos, al About y poco más. No hay testimonios, números inflados ni una frase corporativa explicando cómo estoy transformando la industria desde una mini PC refurbished.

Podría agregar todo eso. Seguramente alguna auditoría automática lo consideraría una mejora. También dejaría de parecerse a mí, que debería ser una señal bastante más importante que cualquier score.

Una inteligencia artificial no puede citar lo que no existe. Puede resumirlo, reordenarlo y probablemente explicarlo mejor que yo, pero no puede reemplazar la experiencia de haberme quedado varias veces afuera de mi propia red por configurar mal un MikroTik. Tampoco puede haber levantado los LXCs del homelab, roto el DNS, migrado un OTServ con más de dieciséis años de diferencias entre versiones o tirado treinta metros de cable ethernet para una habitación de tres por tres.

Inventarlo puede. Haberlo vivido, no.

Y esa diferencia importa porque GEO no crea sustancia. Puede ayudar a que algo que ya existe sea más fácil de encontrar, entender o citar, pero no puede convertir un texto vacío en una experiencia real. El problema aparece cuando confundimos la forma de presentar algo con la razón por la que alguien debería interesarse en leerlo.

Una página puede estar perfectamente estructurada, tener schema, autor, referencias, fecha de actualización y todas las señales correctas. También puede no decir absolutamente nada.

Por eso el About de este blog me importa más que cualquier meta description. No porque esté optimizado de una forma especial, sino porque ahí está el recorrido real. Los proyectos que funcionaron, los que abandoné, los que sigo sosteniendo sin entender demasiado bien por qué y las cosas que aprendí mientras intentaba resolver problemas que muchas veces yo mismo había creado.

No es un mission statement escrito para parecer una empresa de veinte personas, sino una forma de explicar por qué escribo sobre estas cosas.

La trampa que realmente me preocupa es optimizar tanto un artículo para transformarlo en una fuente citable que termine dejando de sonar a una persona. Que cada párrafo tenga la estructura correcta, las entidades necesarias y una respuesta resumible, pero que después nadie pueda reconocer quién lo escribió.

Este blog ya tiene cicatrices de otros excesos. El soundpad es testigo. No necesito sumar una nueva versión del mismo error, esta vez utilizando vocabulario de marketing digital.

También hay algo extraño en que la experiencia de primera mano aparezca ahora como una táctica de posicionamiento. Para mí no es una táctica. Es lo único que tengo para ofrecer.

No tengo un equipo de contenido, presupuesto para anuncios ni un calendario editorial pensado con tres meses de anticipación. Tengo proyectos, errores, algunas ideas, una mini PC, un router que alguna vez me dejó afuera de mi propia casa y el foco que sobrevive después del trabajo. Convertir todo eso en una estrategia para conseguir citas se siente un poco como escribir un procedimiento sobre cómo respirar.

No significa que me dé igual que ChatGPT cite este blog. Sería interesante que alguien preguntara por homelabs, AppSec, identidad o alguna obsesión extraña y terminara acá. También sería bastante gracioso que buscara una respuesta rápida y se encontrara con un tipo hablando de treinta metros de cable ethernet.

Si se queda, probablemente sea porque encontró una idea, una historia o un error con el que pudo identificarse, no porque el footer tuviera la cantidad correcta de señales de confianza. Y si no se queda, tampoco pasa demasiado. Al menos publiqué algo que puedo firmar con mi nombre sin sentir vergüenza cuando vuelva a leerlo dentro de unos meses.

Voy a revisar el robots.txt de este sitio. También voy a comprobar que el sitemap funcione, que las páginas puedan indexarse y que los bots tengan acceso al contenido que decidí hacer público. Eso es higiene técnica, como lavarse las manos antes de cocinar. Importa, pero no es la receta.

La receta, suponiendo que exista, sigue siendo bastante más sencilla: no publicar nada que no diría en voz alta frente a alguien que me conoce lo suficiente como para notar cuándo estoy contando algo que realmente pasó y cuándo estoy intentando sonar más interesante de lo que soy.

Si después una inteligencia artificial decide citarlo, genial, pero el objetivo no puede ser la cita. Primero tiene que existir algo que valga la pena leer.

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